Los espacios públicos son en las ciudades modernas, los pequeños oasis para el ciudadano que se moviliza hacia y desde los lugares de trabajo y donde los fines de semana se da cita para la convivencia familiar y social, esto en nuestra capital San Salvador es realmente inexistente y lo es por una sencilla razón: ya nadie vive en el centro de la capital.
Cuando una ciudad es abandonada por sus habitantes y se le deja como centro de conexiones para transeúntes, lo que sucede es que se convierte en un gran lugar de oferta y demanda de bienes para el que va de paso, por ende el comercio será la única razón por la que viajar al centro de la ciudad es conveniencia.
Actualmente, nuestra ciudad capital es un lugar para pasar, ir de Soyapango a Santa Tecla, de San Marcos a Mejicanos, implica hacer un cambio de bus o micro-bús en el centro, pero no hay, para quien hace el recorrido ninguna razón para quedarse, esto favorece que la venta callejera o la venta ambulante salga a su encuentro pues de otra manera los más de 1 millón y medio de personas que transitan por esos lugares diariamente difícilmente podrían comprar algo.
La realidad nos está diciendo que la solución de la capital y su recuperación pasará por fuerza por la repoblación, ciudadanos dispuestos a rehacer su vida diaria y de habitación en esa zona, de lo contrario será no solo imposible la recuperación sino intrascendente, pues al cabo de un tiempo volverían las calles, ahora desalojadas, a albergar ventas. Pero para repoblar el centro capitalino se necesita el retorno de una visión de inversión en vivienda de clase media y clase alta, (en un inicio) de lo contrario los servicios como bancos, almacenes, instituciones públicas, o de otra índole, tampoco retornarán. Esta es la oportunidad para reactivar la construcción, basada en edificios de condominios que sean seguros, con parqueo, espacios comerciales y que permitan poco a poco resaborear las ventajas de vivir en la capital, ventajas como tener todo cerca, comprar en los mercados, disfrutar de los espacios públicos-históricos y crear nuevos negocios de nivel superior como cafés, restaurantes, salones para eventos, etc., y por ende tener más ventajas que las que por ahora se han encontrado al vivir en las periferias y suburbios.
La capital de una República es su corazón, ahí están fincadas sus historias, sus gobiernos, sus principios, por eso es que en parte nos sentimos desarraigados, frágiles, sin sentido, sin rumbo y casi sin pertenencia. En el pasado, al retirarse Casa Presidencial al lindero del municipio, al crearse un centro de gobierno que es casi un "mall" para las instituciones del estado, al levantarse los centros comerciales en las periferias, se fue poco a poco matando la posibilidad de una capital orgullo de los salvadoreños y se convirtió en el lugar de compra de aquellos que trabajan en los empleos me-nos remunerados, que demandan la menor calidad y que por fuerza (porque la ruta de buses pasa por allí) gastan buena parte de su tiempo en el centro para hacer sus transbordos.
El problema de San Salvador es serio y de análisis sociológico, no solo de orden o limpieza, necesita más que solo un ordenador o alguien que limpie algunas calles, se necesita del esfuerzo de todos para convertirla nuevamente en la ciudad capital, se necesita una visión de país para comprender que tenemos una buena oportunidad para reactivar algunos sectores de la economía, retomar algunos valores cívicos importantes y reafirmarnos como patria, eso es más que solo buscar algunos votos para la próxima elección o caer en la tentación de no hacer nada para evitar el logro político del adversario. Es hora de pensar en que el ordenamiento de la capital puede ser el principio de la refundación de nuestra sociedad y con ello vendrán soluciones a los grandes problemas que nos aquejan.
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